Las críticas hacía los psiquiatras son bien conocidas:
Se centran en la normalización y no en el curamiento. Etiquetan, clasifican y estigmatizan la experiencia como si fuera un objeto ( “tu eres esquizofrénico, tu eres bipolar, tu eres depresivo”). No dicen nada sobre los orígenes sociales del malestar y de la angustia atribuyendo los problemas a un déficit individual. Trabajan a favor de la industria farmacéutica y sus propios beneficios económicos.
Sin embargo a menudo la realidad nos plantea un problema: los profesionales (psiquiatras, psicólogos etc) parecen ser los únicos que pueden tratar situaciones en las cuales algunos de nosotros manifiestan una extrema ansiedad, tristeza etc. Nuestra crítica entonces se detiene y descubrimos que lo criticable, por lo menos, puede presentar una propuesta terapéutica mientras nosotros no podemos presentar nada.
La crítica hacia los profesionales de la salud mental no puede ser la misma para todos. Una cosa es un psiquiatra que lo único que hace es recetar medicación y otra cosa es un psiquiatra que hace psicoterapia en su consulta privada. No es lo mismo un psicoterapeuta que cobra 70euros por sesión y un psicoterapeuta que trabaja para el sistema sanitario público. Un profesional que considera las categorías del diagnostico validas, “científicas” e indiscutibles es distinto a un profesional que considera que la situación individual no se puede reducir en una entidad clasificada.
No estamos en contra de toda profesión de salud mental. Su parte mas “social”, menos explotadora, más abierta y humana no nos enrabia y en algunos casos consideramos su trabajo útil.
¿Qué es lo novedoso de nuestro discurso?
Una gran parte de psicólogos e incluso de psiquiatras, critican la hipermedicalización, la psiquiatría agresiva, la falta de un sistema de salud mental público. También hay profesionales que consideran el DSM (el manual de los psicólogos) más que discutible.
No tenemos nada muy nuevo que contar, nosotros mismos acudimos a los profesionales: no podemos negar que la psicología profesional responde a una necesidad real y cotidiana: aliviar el malestar individual, este malestar que no puede aliviarse por las amistades, la familia u otro tipo de actividades. Podemos encontrarnos con un amigo cuando queremos y hablar de un problema. Sin embargo, en cuando la perturbación de nuestra vida se agrava, la ayuda del amigo no es suficiente.
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